En Arauca, donde cada uniforme puede ser la antesala de una nueva sombra armada en la selva, el Ejército Nacional logró detener un cargamento de 120 uniformes tipo camaleón, sin serial y fabricados en tela Lafayette, que se movía desde Bogotá hacia el municipio de Tame.
El hallazgo ocurrió durante un control vial adelantado por tropas de la Décima Octava Brigada, en el marco del Plan de Operaciones Ayacucho, estrategia que busca cerrar los canales logísticos de los grupos ilegales que delinquen en el departamento.
Los uniformes —prendas de uso privativo de las Fuerzas Militares— estaban cuidadosamente empacados y listos para llegar, según información preliminar, a un GAO-r que opera en este corredor crítico del oriente del país. Estas estructuras han buscado mimetizarse con prendas idénticas a las oficiales para confundir a la población, evadir controles y fortalecer su presencia ilegal. 🕵️♂️🌱
El decomiso no solo evitó que el material llegara a las manos equivocadas; también deja sobre la mesa una pregunta inquietante: ¿Cómo un cargamento de 120 uniformes militares logró salir de Bogotá y atravesar medio país sin ser detectado antes del último control?
La carga quedó bajo custodia de la Policía Fiscal y Aduanera, que ahora deberá establecer quién envió, quién recibiría y quién financia este tipo de insumos, que solo deberían estar en manos del Estado.
El Ejército reiteró que continuará sus operaciones “para impedir que elementos de uso exclusivo sean empleados por estructuras ilegales que afectan la tranquilidad en el oriente colombiano”. Un compromiso crucial en una región donde un uniforme no solo cubre: define poder, miedo y la vida de miles.