El panorama político en el Congreso de la República de cara a la elección de la nueva mesa directiva del Senado se encuentra en un punto de alta fricción. El empresario Tomás Uribe Moreno, hijo del expresidente Álvaro Uribe, fijó una contundente postura al criticar públicamente los respaldos que viene sumando el congresista Alfredo Deluque para asumir la presidencia de la corporación judicial. A través de un vehemente pronunciamiento, Uribe Moreno catalogó la viabilidad de apoyar dicha postulación como un asunto que desafía el «sentido común», dadas las marcadas discrepancias ideológicas y de gestión que rodean al legislador.
El núcleo de la controversia y del rechazo por parte de los sectores de la oposición radica en el historial de votaciones de Deluque durante el mandato de Gustavo Petro. Diversos dirigentes políticos cuestionan con severidad que el senador haya acompañado y dado luz verde a iniciativas fundamentales de la administración saliente, tales como la reforma tributaria de 2022, el Plan Nacional de Desarrollo, el presupuesto general de la Nación y el andamiaje jurídico de la denominada «Paz Total». Para el uribismo, estas actuaciones del pasado reciente representan una inconsistencia frente a las banderas que hoy se pretenden defender en el nuevo periodo legislativo.
En este complejo escenario de fuerzas, donde sectores como el Partido Verde, En Marcha, Aico y más recientemente el Partido Liberal han oficializado su adhesión a la candidatura de Deluque, Tomás Uribe advirtió sobre el riesgo latente de subordinar las decisiones de Estado a meras simpatías o conveniencias interpersonales dentro del Capitolio. Desde la bancada se ha enfatizado en que la colectividad jamás transigirá en respaldar figuras alineadas con agendas que consideren nocivas, cerrando la puerta a un consenso y profundizando la brecha en torno a si la dignidad de la presidencia debe recaer en un ala más afín a la centroderecha tradicional.