Las fuertes lluvias que provocaron el desbordamiento de la quebrada La Iguaná volvieron a poner en evidencia la vulnerabilidad de miles de habitantes de este sector de Medellín. En el barrio, ubicado en la comuna 7, Robledo, cerca de 5.000 personas conviven con la amenaza de nuevas inundaciones, una situación que ha marcado la historia de la comunidad durante décadas. 🌧️
La emergencia más reciente ocurrió el viernes 9 de octubre, cuando una creciente ingresó repentinamente a numerosas viviendas y dejó 187 familias damnificadas, de acuerdo con el reporte de El Colombiano. Los residentes tuvieron que retirar lodo, piedras y escombros de sus casas, además de intentar recuperar las pertenencias que no fueron destruidas por el agua.
Entre quienes conocen de primera mano estas emergencias están María Berlanda y María Obdulia Restrepo, dos hermanas que llegaron al barrio en 1981. Durante los últimos 45 años han enfrentado al menos cinco inundaciones y recuerdan especialmente la tragedia del 10 de septiembre de 1988, cuando la quebrada se salió de su cauce, arrastró alrededor de 150 viviendas y ocasionó la muerte de diez personas.
Aunque reconocen el peligro de vivir junto al afluente, las hermanas aseguran que no quieren abandonar el sector. La cercanía con lugares como la plaza Minorista, el estadio Atanasio Girardot y el centro de Medellín representa una ventaja importante para quienes han construido allí su vida y sus relaciones comunitarias.
La Iguaná comenzó a consolidarse en 1945, cuando familias desplazadas por la violencia se asentaron en las inmediaciones de la quebrada, inicialmente con viviendas precarias. Con el paso de los años, muchas de estas construcciones se transformaron en casas de varios pisos. Actualmente, la Alcaldía de Medellín considera que algunas zonas cercanas a la orilla presentan un riesgo elevado y ha ordenado evacuaciones en distintos momentos.
Uno de los principales problemas durante las crecientes es la acumulación de residuos y escombros en el cauce. Según la información publicada por el medio, en agosto se retiraron cerca de 80 metros cúbicos de desechos voluminosos en el sector del puente de la carrera 65. Después de la emergencia de octubre, Emvarias recogió otros 50 metros cúbicos de residuos de gran tamaño que habían sido arrastrados por la quebrada.
Los habitantes también cuestionan la efectividad de las alarmas instaladas para advertir sobre posibles desbordamientos. Ramiro Arango, residente del sector desde la década de 1990, contó que, cuando comenzó a sonar la alerta durante la última emergencia, el agua ya había alcanzado un nivel que impedía proteger sus pertenencias. La rapidez con la que aumentó el caudal dificultó la reacción de las familias.
Tras las inundaciones, la Administración distrital entregó alrededor de 800 ayudas humanitarias, entre ellas paquetes alimentarios, kits de aseo y elementos para el descanso. Mientras avanzaban las labores de limpieza y atención a los damnificados, las autoridades y los organismos de apoyo continuaron trabajando para responder a las necesidades de la población afectada.
Pese a las pérdidas y al temor de que ocurra una nueva tragedia, muchos habitantes insisten en permanecer en La Iguaná. La situación refleja el complejo desafío de encontrar soluciones duraderas para las comunidades asentadas en zonas expuestas a fenómenos naturales, donde el arraigo, las condiciones económicas y la cercanía a servicios y lugares de trabajo dificultan la posibilidad de trasladarse a otros sectores.
La recurrencia de estas emergencias mantiene sobre la mesa la necesidad de fortalecer la prevención, mejorar los sistemas de alerta y controlar la disposición de residuos en la quebrada. Para las familias de La Iguaná, el reto es recuperar sus viviendas después de cada inundación sin dejar de enfrentar la incertidumbre que representa vivir junto a un afluente que puede desbordarse nuevamente.