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Hallan rastros de sangre en un dinosaurio de 115 millones de años en Brasil: el descubrimiento sorprende a la comunidad científica

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🦖 Un descubrimiento científico en Brasil está aportando nuevas pistas sobre la conservación de material biológico a lo largo de millones de años. Investigadores identificaron estructuras microscópicas similares a glóbulos rojos y moléculas relacionadas con la sangre en los huesos fosilizados de un dinosaurio que vivió hace aproximadamente 115 millones de años, durante el periodo Cretácico.

El ejemplar pertenece a la especie Aratasaurus museunacionali, un dinosaurio terópodo cuyos restos fueron encontrados en 2008 en la región de Cariri, en el estado brasileño de Ceará. Este animal, que habitó el territorio que hoy corresponde al noreste de Brasil, se convirtió en el centro de una investigación internacional que busca comprender cómo ciertos componentes biológicos pueden dejar rastros identificables después de periodos geológicos tan extensos.

El estudio fue publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y contó con la participación de especialistas de instituciones de Brasil, Australia, Japón y Estados Unidos, bajo la dirección de la investigadora Kliti Grice, de la Universidad Curtin, en Australia.

¿Qué encontraron dentro de los huesos?

Durante los análisis, los científicos identificaron pequeñas estructuras de forma ovalada dentro de los canales vasculares de los huesos, conductos que en los organismos vivos permiten el paso de los vasos sanguíneos. Por su forma y ubicación, estas estructuras fueron interpretadas como posibles glóbulos rojos mineralizados.

El hallazgo fue respaldado mediante análisis químicos que permitieron detectar hemo B y otros compuestos derivados de esta molécula. El hemo forma parte de la hemoglobina, proteína presente en los glóbulos rojos y fundamental para transportar oxígeno por el organismo.

Para llegar a estos resultados, el equipo utilizó técnicas especializadas, entre ellas cromatografía líquida de alto rendimiento, espectrometría de masas, espectroscopia Raman y microscopía electrónica. Estas herramientas permitieron examinar tanto la composición química de las muestras como la distribución de los elementos presentes en las estructuras microscópicas.

Los investigadores también compararon las señales químicas del hueso con las del sedimento que lo rodeaba, con el propósito de determinar si los compuestos identificados provenían del propio fósil y no de una contaminación externa.

El mineral que habría favorecido su conservación

Uno de los aspectos más llamativos del estudio fue la identificación de hausmannita, un mineral compuesto por manganeso que apareció asociado con las estructuras microscópicas. Los científicos plantean que este material pudo contribuir a estabilizar y proteger algunos componentes celulares y moleculares durante el proceso de fosilización.

La hipótesis también contempla que las condiciones ambientales posteriores a la muerte del animal fueron determinantes. El enterramiento y la actividad de comunidades microbianas pudieron favorecer procesos de mineralización que permitieron conservar estas señales químicas durante millones de años.

Además de los rastros relacionados con la sangre, los investigadores identificaron aminoácidos asociados con el colágeno, una proteína estructural presente en los tejidos animales.

Un hallazgo que amplía el estudio de los dinosaurios

La importancia de esta investigación radica en que ofrece nuevas posibilidades para estudiar a los animales extintos más allá de sus huesos y características anatómicas. La identificación de componentes químicos relacionados con la sangre podría contribuir a futuras investigaciones sobre la fisiología, el metabolismo y la evolución de los dinosaurios.

Sin embargo, los científicos aclaran que no se recuperó sangre líquida, células completamente intactas ni ADN del animal. Las evidencias corresponden a estructuras mineralizadas y moléculas derivadas de componentes sanguíneos que permanecieron identificables en el fósil.

El descubrimiento también abre nuevas preguntas sobre los límites de conservación de las biomoléculas en el registro fósil. Hasta ahora, la degradación de estos compuestos durante periodos tan prolongados representaba una de las principales dificultades para estudiar directamente la composición biológica de organismos prehistóricos.

Con este hallazgo, el Aratasaurus museunacionali vuelve a llamar la atención de la comunidad científica, pues sus restos permiten explorar una dimensión poco conocida de la vida de los dinosaurios: las huellas químicas de su organismo que todavía pueden detectarse después de 115 millones de años.

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