El anuncio oficial del Gobierno del presidente Gustavo Petro de un fuerte incremento del salario mínimo para 2026, que representa un alza de 23,7 % respecto al año anterior, encendió la chispa del debate político y económico en Colombia. 🌡️📊 Este aumento, que eleva el sueldo básico hasta cerca de $1.746.880 pesos y, sumado al auxilio de transporte, hasta $2.000.000 mensuales, fue presentado por el Ejecutivo como una conquista histórica para el poder adquisitivo de millones de trabajadores.
Pero no todos lo recibieron con aplausos. Uno de los personajes más críticos fue Mario Hernández, el conocido empresario colombiano y propietario de una de las marcas de marroquinería más influyentes del país, quien utilizó sus redes sociales para demostrar su enorme molestia con la decisión presidencial. 📱💬
💬 Hernández no se guardó nada al expresar su opinión: escribió que, en su perspectiva, un aumento de esa magnitud sin un respaldo claro en productividad económica, termina produciendo efectos adversos en lugar de beneficios. Según él, cuando el salario mínimo se incrementa en casi un cuarto sin un crecimiento proporcional en la productividad de las empresas, se pierde competitividad y se presiona al alza la inflación, lo que termina afectando el costo de vida de todos los colombianos. “Cuando el salario mínimo sube 23 % sin productividad detrás, perdemos competitividad y sube la inflación. Además, mucho está indexado al salario mínimo, así que todo se encarece”, manifestó el empresario en una publicación polémica.
🌶️ Hasta lo calificó de “Regalo de Navidad” irónico: Hernández ironizó sobre la medida diciendo que, para él, este aumento será como un “regalo que trae más caro todo desde el 1 de enero de 2026”, una crítica punzante que rápidamente generó reacciones en redes y en círculos económicos.
Más allá de criticar el aumento en sí, Hernández también advertía sobre posibles consecuencias graves para los precios de productos y servicios, ya que muchas tarifas y gastos están ligados al salario mínimo. En su visión, esto puede terminar encareciendo la vida cotidiana sin que necesariamente se generen mejores condiciones económicas estructurales.
🤝 Hernández, quien además es candidato al Senado por el partido Centro Democrático, puntualizó que su crítica no significa que esté en contra de que los trabajadores ganen más. Dijo que está a favor de mejores ingresos, pero insistió en que estos deben estar acompañados de productividad real, de manera que no se conviertan en un problema para la economía y la competitividad de las empresas colombianas.
📈 Pero la posición de Hernández no fue aislada. Su estallido se sumó a las expresiones de otros gremios empresariales que también han cuestionado el proceso de fijación del salario mínimo, calificándolo como desproporcionado, poco concertado y potencialmente dañino para el empleo formal y la estabilidad económica del país.
🔁 Por su parte, el Gobierno y sectores sindicales han defendido el incremento, argumentando que se orienta a mejorar la calidad de vida de los trabajadores, reducir desigualdades y dinamizar el consumo interno. La discusión sobre cómo equilibrar justicia social con sostenibilidad económica sigue abierta y con fuertes aristas.
🌧️ A pesar de la presencia del fenómeno de El Niño, Antioquia continúa registrando fuertes aguaceros, granizadas, vendavales y remolinos de aire que han generado preocupación entre los habitantes. Uno de los episodios recientes ocurrió en el sector de San Félix, en Bello, donde varios videos difundidos en redes sociales mostraron una formación giratoria en el cielo que llevó a algunas personas a pensar que se trataba de un tornado.
Especialistas del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) y del Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá (Siata) explicaron que el fenómeno observado corresponde a una nube embudo relacionada con la inestabilidad atmosférica. Aunque su apariencia puede resultar similar a la de un tornado, existe una diferencia fundamental: para que se clasifique como tal, la columna de aire en rotación debe entrar en contacto con la superficie terrestre.
Según Cristian Arango, coordinador del Grupo de Análisis y Pronóstico del Tiempo del Ideam, las condiciones que favorecieron la formación del remolino comenzaron con una mañana despejada y calurosa en el Valle de Aburrá. El calentamiento de la superficie acumuló energía en la atmósfera y, posteriormente, la llegada de aire húmedo contribuyó al desarrollo de una tormenta intensa.
El Siata informó que las lluvias del 5 de octubre comenzaron aproximadamente a las 2:30 de la tarde y se prolongaron durante más de cuatro horas. Las precipitaciones avanzaron desde municipios del sur, como La Estrella y Sabaneta, hasta intensificarse en Bello. Durante el episodio se contabilizaron 263 descargas eléctricas, 95 de ellas en Medellín, y se emitieron alertas por el aumento de los niveles de varias quebradas.
Los expertos señalaron que los cambios en la velocidad y dirección del viento, conocidos como cizalladura, también pueden favorecer los movimientos giratorios dentro de las tormentas. Esta condición, sumada a la compleja geografía del departamento, ayuda a explicar la aparición de remolinos que pueden parecer tornados sin llegar a serlo.
Julián Sepúlveda, líder del equipo de Meteorología del Siata, indicó que las condiciones de la región hacen muy improbable la formación de tornados como los que se presentan en otras zonas del mundo. Sin embargo, aclaró que las tormentas sí pueden generar rotaciones locales del aire, especialmente en sectores donde confluyen corrientes de distintas características. En Antioquia se han observado fenómenos similares en lugares como La Romera y el Llano de Ovejas, en San Pedro de los Milagros.
La presencia de lluvias intensas durante El Niño también tiene una explicación. Este fenómeno climático no significa que desaparezcan las precipitaciones, sino que puede reducir sus cantidades habituales. En Colombia, septiembre, octubre y noviembre corresponden a una temporada de lluvias, por lo que pueden presentarse aguaceros fuertes incluso cuando predominan condiciones asociadas a El Niño.
Las altas temperaturas durante las mañanas pueden aumentar la inestabilidad de la atmósfera. Cuando el aire caliente asciende y se encuentra con corrientes húmedas, se favorece la formación de nubes de gran desarrollo vertical, capaces de producir tormentas eléctricas, granizo y ráfagas intensas de viento. Por eso, pueden registrarse episodios de lluvia muy fuerte en medio de un periodo que, en el balance general, presenta precipitaciones por debajo de lo esperado.
De acuerdo con los registros del Siata citados por el medio, las lluvias de julio, agosto y septiembre estuvieron por debajo de los valores habituales, y septiembre cerró con menos del 70 % de la precipitación esperada. Los modelos climáticos también apuntaban a acumulados inferiores a los normales para octubre y noviembre.
Las autoridades mantienen la atención sobre otros riesgos asociados a las condiciones meteorológicas. El Ideam advirtió sobre la posibilidad de nuevas precipitaciones relacionadas con el paso de una onda tropical, especialmente en el norte de Antioquia, y reportó alertas rojas por deslizamientos en 43 municipios del departamento.
Ante este panorama, los especialistas recomiendan resguardarse durante las tormentas eléctricas, evitar permanecer cerca de árboles y estructuras metálicas, asegurar techos y tejas y suspender actividades al aire libre cuando se presenten vientos fuertes. Aunque los remolinos observados no fueron identificados como tornados, las condiciones de inestabilidad pueden provocar emergencias que requieren precaución y atención a los reportes oficiales.
🚨 La Personería Distrital de Medellín lanzó una alerta institucional por las vulneraciones de derechos que afectan a niños, niñas y adolescentes de las comunidades indígenas que habitan la ciudad. Entre las situaciones más preocupantes se encuentran la violencia sexual, la explotación, la mendicidad forzada y el aumento de los intentos de suicidio.
Uno de los datos más alarmantes del informe señala que el 65 % de las activaciones del Código Fucsia corresponde a menores de edad, principalmente integrantes de la comunidad Embera Katío. Este protocolo permite activar la atención de emergencia y la ruta integral de asistencia para personas que han sufrido violencia sexual o de género.
La entidad también advirtió sobre las afectaciones a la salud mental de esta población, entre ellas crisis emocionales y conductas suicidas que requieren atención oportuna. En estos casos, el Código Dorado permite activar la respuesta inmediata ante emergencias relacionadas con la salud mental, intentos de suicidio y otras situaciones críticas.
El personero distrital, Mefi Boset Rave Gómez, hizo un llamado a las entidades responsables de la protección de la infancia para que coordinen acciones que garanticen una atención continua y adecuada. La alerta fue dirigida a distintas dependencias de la Alcaldía de Medellín, al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), a la Gobernación de Antioquia y a la Dirección Seccional de Fiscalías, entre otras instituciones.
Según la Personería, las dificultades no se limitan a la ocurrencia de los casos, sino que también incluyen barreras para acceder a los servicios de atención. Las diferencias lingüísticas, el temor a acudir ante las autoridades y ciertas dinámicas culturales pueden dificultar la denuncia, lo que ocasionaría que algunas situaciones no queden registradas en las cifras oficiales.
A estos obstáculos se suman las dificultades para garantizar atención psicológica especializada, acompañamiento después de las crisis y continuidad en los procesos. La falta de mediadores interculturales y los cambios frecuentes de profesionales también pueden afectar el seguimiento de los casos y la protección de los menores.
El organismo de control advirtió, además, sobre otras formas de vulneración de derechos, como la explotación sexual comercial, la violencia intrafamiliar y basada en género, el trabajo infantil, la permanencia prolongada en las calles y la mendicidad forzada. Estas condiciones aumentan la vulnerabilidad de los niños y adolescentes y hacen necesaria una intervención coordinada entre las instituciones.
De acuerdo con datos de la Administración Distrital citados en el informe, en Medellín viven aproximadamente 5.500 personas pertenecientes a diferentes pueblos indígenas, entre ellos Embera, Nutabe, Inga, Wayúu, Zenú y Chibcariwak. La Personería recordó que la atención a estas comunidades debe reconocer sus particularidades culturales y lingüísticas, sin que estas se conviertan en un impedimento para garantizar sus derechos.
Entre las recomendaciones formuladas se encuentran fortalecer las rutas de salud mental con enfoque intercultural, mejorar los servicios de interpretación y mediación, acompañar a las instituciones educativas y asegurar que cada caso tenga seguimiento. También se pidió promover la participación de las familias y de las autoridades indígenas en las medidas de prevención y protección.
La Personería insistió en que la respuesta institucional debe ir más allá de atender las emergencias y avanzar hacia una protección integral y permanente. El objetivo es prevenir nuevas vulneraciones y garantizar que los niños, niñas y adolescentes indígenas reciban atención oportuna, respetuosa de su identidad cultural y centrada en la defensa de sus derechos.
🚨 El uso de drones con explosivos por parte de grupos armados ilegales se ha convertido en una creciente amenaza para la seguridad en Colombia. Un informe de la Fundación Ideas para la Paz (FIP) reveló que, entre el 1 de enero y el 1 de octubre de 2026, se contabilizaron 318 ataques de este tipo contra la Fuerza Pública, lo que equivale a un caso aproximadamente cada 20 horas.
El análisis señala que estas organizaciones están aprovechando dispositivos comerciales de bajo costo para fortalecer sus operaciones, vigilar los movimientos de las autoridades y atacar posiciones militares y policiales sin exponer directamente a sus integrantes. La tecnología también estaría siendo utilizada para ejercer control territorial y observar comunidades y zonas de interés económico.
De acuerdo con el documento, desde 2023 hasta el 1 de octubre de 2026 se registraron 716 acciones con drones en el país. Durante ese periodo, los departamentos de Cauca, Chocó, Valle del Cauca y Norte de Santander concentraron el 71 % de los hechos documentados. Agosto de este año fue el mes con mayor número de ataques, con 56 casos.
La FIP atribuye cerca del 95 % de los ataques a dos estructuras armadas: el Estado Mayor Central (EMC), asociado a las disidencias de las Farc y al que se le adjudica el 72 % de los hechos, y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), señalado por el 23 %. El informe también destaca el incremento de las capacidades de estas organizaciones para incorporar nuevas tecnologías a sus acciones violentas.
La evolución de esta modalidad resulta evidente al comparar las cifras de los últimos años. En 2024 se reportaron 119 ataques con drones, mientras que en 2025 la cifra ascendió a 277. Durante 2026, además de los ataques contra unidades de la Fuerza Pública, se han registrado acciones contra instalaciones estratégicas, lo que amplía el alcance de esta amenaza.
Entre los episodios mencionados se encuentra el ataque del 16 de septiembre contra el radar aeronáutico 3D ubicado en Candelaria, Valle del Cauca, atribuido a una estructura vinculada al EMC. Asimismo, el 5 de octubre fue utilizado un dron para atacar una estación de Policía en Aguachica, Cesar. Estos hechos evidencian que el riesgo ya no se limita exclusivamente a posiciones rurales, sino que también alcanza infraestructura y zonas cercanas a centros poblados.
Uno de los aspectos que más preocupa a los investigadores es la aparición de drones guiados mediante fibra óptica. A diferencia de los equipos que dependen de señales de radiofrecuencia, estos dispositivos pueden dificultar la respuesta de los sistemas convencionales de interferencia electrónica. La facilidad de acceso a componentes comerciales y la posibilidad de adaptar los aparatos para transportar explosivos representan desafíos adicionales para las autoridades.
Las consecuencias humanas también son significativas. Según las cifras recopiladas por la fundación, desde 2024 estos ataques han afectado a 487 personas, entre ellas integrantes de la Fuerza Pública y civiles. El balance incluye 401 miembros de las instituciones de seguridad heridos y 25 fallecidos, además de 55 civiles lesionados y seis muertos. A esto se suman los riesgos de desplazamiento, confinamiento y restricciones a la movilidad para las comunidades que habitan en las zonas afectadas.
Frente a este panorama, la FIP considera que las respuestas estatales deben ir más allá de la adquisición de equipos antidrones. Entre las medidas propuestas están fortalecer la protección de las unidades que operan en zonas apartadas, mejorar la capacidad para detectar y neutralizar estos dispositivos y concentrar esfuerzos contra las redes de abastecimiento, los proveedores y las personas que capacitan a los operadores.
El informe también plantea la necesidad de establecer protocolos de autoprotección para las comunidades expuestas a estos ataques. La expansión de esta tecnología representa un reto para las autoridades colombianas, que deben adaptarse a una modalidad de violencia capaz de causar daños importantes con recursos relativamente económicos y que continúa transformando las dinámicas del conflicto armado.