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Remueven a interventora de Capresoca EPS tras comprobar que no tenía el título profesional presentado

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🏥 La Superintendencia Nacional de Salud ordenó retirar del cargo a Olga Lucía Vásquez Barrios, quien se desempeñaba como agente interventora de Capresoca EPS, luego de que la Pontificia Universidad Javeriana certificara que no figuraba en sus registros académicos y que no había obtenido el título profesional de enfermería que presentó para asumir sus funciones.

La decisión se conoció el 8 de octubre de 2026, después de que el organismo de vigilancia verificara la documentación académica aportada por la funcionaria durante su proceso de posesión. De acuerdo con la certificación expedida por la universidad, Vásquez Barrios no estuvo inscrita en esa institución ni obtuvo allí el título que se le atribuía.

Ante esta situación, la Superintendencia trasladó el caso a la Fiscalía General de la Nación para que investigue las posibles irregularidades y determine si se configuraron conductas relacionadas con falsedad documental, uso de documentos falsos u otros delitos que puedan establecerse durante el proceso.

La denuncia busca esclarecer si los documentos cuestionados fueron utilizados para acreditar requisitos profesionales y facilitar el acceso a cargos públicos u otros beneficios. Por ahora, corresponde a las autoridades judiciales establecer las circunstancias de los hechos y las posibles responsabilidades.

Vásquez Barrios había asumido como interventora de Capresoca el 6 de julio de 2026, tras su designación por parte del entonces superintendente nacional de Salud, Daniel Quintero Calle. Su salida también estuvo relacionada con incumplimientos identificados por la entidad durante el desarrollo del proceso de intervención de la EPS.

Como reemplazo fue designado Giovanni Antonio Guzmán Vargas, médico cirujano con formación complementaria en habilidades gerenciales y más de 30 años de experiencia en el sector salud, especialmente en cargos de dirección médica y gerencia de entidades aseguradoras y prestadoras de servicios.

El nuevo interventor tendrá la responsabilidad de fortalecer la gestión administrativa, financiera y operativa de Capresoca, además de trabajar para garantizar la continuidad y calidad de los servicios que reciben sus afiliados.

El relevo ocurre pocos días después de que el Gobierno nacional autorizara una nueva prórroga de la intervención forzosa administrativa de la EPS, que se extenderá hasta el 7 de octubre de 2027. La medida busca avanzar en la recuperación de la estabilidad institucional y mejorar la prestación de los servicios de salud.

Capresoca es una entidad de especial importancia para Casanare, donde concentra gran parte de sus operaciones y atiende a más de 160.000 afiliados. Su situación administrativa y financiera representa un reto para las autoridades, especialmente por la necesidad de mantener la atención médica y responder a las dificultades que motivaron la intervención.

Con el cambio de interventor y el traslado del caso a la Fiscalía, la Superintendencia busca establecer responsabilidades frente a las presuntas irregularidades detectadas, mientras continúa el proceso de vigilancia sobre la EPS. La eventual responsabilidad penal de la exfuncionaria deberá determinarse en el marco de la investigación correspondiente.

Nacional

El Niño no frena las tormentas: expertos explican los remolinos y vendavales en Antioquia

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🌧️ A pesar de la presencia del fenómeno de El Niño, Antioquia continúa registrando fuertes aguaceros, granizadas, vendavales y remolinos de aire que han generado preocupación entre los habitantes. Uno de los episodios recientes ocurrió en el sector de San Félix, en Bello, donde varios videos difundidos en redes sociales mostraron una formación giratoria en el cielo que llevó a algunas personas a pensar que se trataba de un tornado.

Especialistas del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) y del Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá (Siata) explicaron que el fenómeno observado corresponde a una nube embudo relacionada con la inestabilidad atmosférica. Aunque su apariencia puede resultar similar a la de un tornado, existe una diferencia fundamental: para que se clasifique como tal, la columna de aire en rotación debe entrar en contacto con la superficie terrestre.

Según Cristian Arango, coordinador del Grupo de Análisis y Pronóstico del Tiempo del Ideam, las condiciones que favorecieron la formación del remolino comenzaron con una mañana despejada y calurosa en el Valle de Aburrá. El calentamiento de la superficie acumuló energía en la atmósfera y, posteriormente, la llegada de aire húmedo contribuyó al desarrollo de una tormenta intensa.

El Siata informó que las lluvias del 5 de octubre comenzaron aproximadamente a las 2:30 de la tarde y se prolongaron durante más de cuatro horas. Las precipitaciones avanzaron desde municipios del sur, como La Estrella y Sabaneta, hasta intensificarse en Bello. Durante el episodio se contabilizaron 263 descargas eléctricas, 95 de ellas en Medellín, y se emitieron alertas por el aumento de los niveles de varias quebradas.

Los expertos señalaron que los cambios en la velocidad y dirección del viento, conocidos como cizalladura, también pueden favorecer los movimientos giratorios dentro de las tormentas. Esta condición, sumada a la compleja geografía del departamento, ayuda a explicar la aparición de remolinos que pueden parecer tornados sin llegar a serlo.

Julián Sepúlveda, líder del equipo de Meteorología del Siata, indicó que las condiciones de la región hacen muy improbable la formación de tornados como los que se presentan en otras zonas del mundo. Sin embargo, aclaró que las tormentas sí pueden generar rotaciones locales del aire, especialmente en sectores donde confluyen corrientes de distintas características. En Antioquia se han observado fenómenos similares en lugares como La Romera y el Llano de Ovejas, en San Pedro de los Milagros.

La presencia de lluvias intensas durante El Niño también tiene una explicación. Este fenómeno climático no significa que desaparezcan las precipitaciones, sino que puede reducir sus cantidades habituales. En Colombia, septiembre, octubre y noviembre corresponden a una temporada de lluvias, por lo que pueden presentarse aguaceros fuertes incluso cuando predominan condiciones asociadas a El Niño.

Las altas temperaturas durante las mañanas pueden aumentar la inestabilidad de la atmósfera. Cuando el aire caliente asciende y se encuentra con corrientes húmedas, se favorece la formación de nubes de gran desarrollo vertical, capaces de producir tormentas eléctricas, granizo y ráfagas intensas de viento. Por eso, pueden registrarse episodios de lluvia muy fuerte en medio de un periodo que, en el balance general, presenta precipitaciones por debajo de lo esperado.

De acuerdo con los registros del Siata citados por el medio, las lluvias de julio, agosto y septiembre estuvieron por debajo de los valores habituales, y septiembre cerró con menos del 70 % de la precipitación esperada. Los modelos climáticos también apuntaban a acumulados inferiores a los normales para octubre y noviembre.

Las autoridades mantienen la atención sobre otros riesgos asociados a las condiciones meteorológicas. El Ideam advirtió sobre la posibilidad de nuevas precipitaciones relacionadas con el paso de una onda tropical, especialmente en el norte de Antioquia, y reportó alertas rojas por deslizamientos en 43 municipios del departamento.

Ante este panorama, los especialistas recomiendan resguardarse durante las tormentas eléctricas, evitar permanecer cerca de árboles y estructuras metálicas, asegurar techos y tejas y suspender actividades al aire libre cuando se presenten vientos fuertes. Aunque los remolinos observados no fueron identificados como tornados, las condiciones de inestabilidad pueden provocar emergencias que requieren precaución y atención a los reportes oficiales.

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Judicial

Personería de Medellín alerta por violencia sexual y problemas de salud mental en menores indígenas

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🚨 La Personería Distrital de Medellín lanzó una alerta institucional por las vulneraciones de derechos que afectan a niños, niñas y adolescentes de las comunidades indígenas que habitan la ciudad. Entre las situaciones más preocupantes se encuentran la violencia sexual, la explotación, la mendicidad forzada y el aumento de los intentos de suicidio.

Uno de los datos más alarmantes del informe señala que el 65 % de las activaciones del Código Fucsia corresponde a menores de edad, principalmente integrantes de la comunidad Embera Katío. Este protocolo permite activar la atención de emergencia y la ruta integral de asistencia para personas que han sufrido violencia sexual o de género.

La entidad también advirtió sobre las afectaciones a la salud mental de esta población, entre ellas crisis emocionales y conductas suicidas que requieren atención oportuna. En estos casos, el Código Dorado permite activar la respuesta inmediata ante emergencias relacionadas con la salud mental, intentos de suicidio y otras situaciones críticas.

El personero distrital, Mefi Boset Rave Gómez, hizo un llamado a las entidades responsables de la protección de la infancia para que coordinen acciones que garanticen una atención continua y adecuada. La alerta fue dirigida a distintas dependencias de la Alcaldía de Medellín, al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), a la Gobernación de Antioquia y a la Dirección Seccional de Fiscalías, entre otras instituciones.

Según la Personería, las dificultades no se limitan a la ocurrencia de los casos, sino que también incluyen barreras para acceder a los servicios de atención. Las diferencias lingüísticas, el temor a acudir ante las autoridades y ciertas dinámicas culturales pueden dificultar la denuncia, lo que ocasionaría que algunas situaciones no queden registradas en las cifras oficiales.

A estos obstáculos se suman las dificultades para garantizar atención psicológica especializada, acompañamiento después de las crisis y continuidad en los procesos. La falta de mediadores interculturales y los cambios frecuentes de profesionales también pueden afectar el seguimiento de los casos y la protección de los menores.

El organismo de control advirtió, además, sobre otras formas de vulneración de derechos, como la explotación sexual comercial, la violencia intrafamiliar y basada en género, el trabajo infantil, la permanencia prolongada en las calles y la mendicidad forzada. Estas condiciones aumentan la vulnerabilidad de los niños y adolescentes y hacen necesaria una intervención coordinada entre las instituciones.

De acuerdo con datos de la Administración Distrital citados en el informe, en Medellín viven aproximadamente 5.500 personas pertenecientes a diferentes pueblos indígenas, entre ellos Embera, Nutabe, Inga, Wayúu, Zenú y Chibcariwak. La Personería recordó que la atención a estas comunidades debe reconocer sus particularidades culturales y lingüísticas, sin que estas se conviertan en un impedimento para garantizar sus derechos.

Entre las recomendaciones formuladas se encuentran fortalecer las rutas de salud mental con enfoque intercultural, mejorar los servicios de interpretación y mediación, acompañar a las instituciones educativas y asegurar que cada caso tenga seguimiento. También se pidió promover la participación de las familias y de las autoridades indígenas en las medidas de prevención y protección.

La Personería insistió en que la respuesta institucional debe ir más allá de atender las emergencias y avanzar hacia una protección integral y permanente. El objetivo es prevenir nuevas vulneraciones y garantizar que los niños, niñas y adolescentes indígenas reciban atención oportuna, respetuosa de su identidad cultural y centrada en la defensa de sus derechos.

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Nacional

Colombia registra un ataque con drones contra la Fuerza Pública cada 20 horas, advierte informe

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🚨 El uso de drones con explosivos por parte de grupos armados ilegales se ha convertido en una creciente amenaza para la seguridad en Colombia. Un informe de la Fundación Ideas para la Paz (FIP) reveló que, entre el 1 de enero y el 1 de octubre de 2026, se contabilizaron 318 ataques de este tipo contra la Fuerza Pública, lo que equivale a un caso aproximadamente cada 20 horas.

El análisis señala que estas organizaciones están aprovechando dispositivos comerciales de bajo costo para fortalecer sus operaciones, vigilar los movimientos de las autoridades y atacar posiciones militares y policiales sin exponer directamente a sus integrantes. La tecnología también estaría siendo utilizada para ejercer control territorial y observar comunidades y zonas de interés económico.

De acuerdo con el documento, desde 2023 hasta el 1 de octubre de 2026 se registraron 716 acciones con drones en el país. Durante ese periodo, los departamentos de Cauca, Chocó, Valle del Cauca y Norte de Santander concentraron el 71 % de los hechos documentados. Agosto de este año fue el mes con mayor número de ataques, con 56 casos.

La FIP atribuye cerca del 95 % de los ataques a dos estructuras armadas: el Estado Mayor Central (EMC), asociado a las disidencias de las Farc y al que se le adjudica el 72 % de los hechos, y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), señalado por el 23 %. El informe también destaca el incremento de las capacidades de estas organizaciones para incorporar nuevas tecnologías a sus acciones violentas.

La evolución de esta modalidad resulta evidente al comparar las cifras de los últimos años. En 2024 se reportaron 119 ataques con drones, mientras que en 2025 la cifra ascendió a 277. Durante 2026, además de los ataques contra unidades de la Fuerza Pública, se han registrado acciones contra instalaciones estratégicas, lo que amplía el alcance de esta amenaza.

Entre los episodios mencionados se encuentra el ataque del 16 de septiembre contra el radar aeronáutico 3D ubicado en Candelaria, Valle del Cauca, atribuido a una estructura vinculada al EMC. Asimismo, el 5 de octubre fue utilizado un dron para atacar una estación de Policía en Aguachica, Cesar. Estos hechos evidencian que el riesgo ya no se limita exclusivamente a posiciones rurales, sino que también alcanza infraestructura y zonas cercanas a centros poblados.

Uno de los aspectos que más preocupa a los investigadores es la aparición de drones guiados mediante fibra óptica. A diferencia de los equipos que dependen de señales de radiofrecuencia, estos dispositivos pueden dificultar la respuesta de los sistemas convencionales de interferencia electrónica. La facilidad de acceso a componentes comerciales y la posibilidad de adaptar los aparatos para transportar explosivos representan desafíos adicionales para las autoridades.

Las consecuencias humanas también son significativas. Según las cifras recopiladas por la fundación, desde 2024 estos ataques han afectado a 487 personas, entre ellas integrantes de la Fuerza Pública y civiles. El balance incluye 401 miembros de las instituciones de seguridad heridos y 25 fallecidos, además de 55 civiles lesionados y seis muertos. A esto se suman los riesgos de desplazamiento, confinamiento y restricciones a la movilidad para las comunidades que habitan en las zonas afectadas.

Frente a este panorama, la FIP considera que las respuestas estatales deben ir más allá de la adquisición de equipos antidrones. Entre las medidas propuestas están fortalecer la protección de las unidades que operan en zonas apartadas, mejorar la capacidad para detectar y neutralizar estos dispositivos y concentrar esfuerzos contra las redes de abastecimiento, los proveedores y las personas que capacitan a los operadores.

El informe también plantea la necesidad de establecer protocolos de autoprotección para las comunidades expuestas a estos ataques. La expansión de esta tecnología representa un reto para las autoridades colombianas, que deben adaptarse a una modalidad de violencia capaz de causar daños importantes con recursos relativamente económicos y que continúa transformando las dinámicas del conflicto armado.

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